

EL ARQUITECTO ES COMO EL CIRUJANO EN EL QUIRÓFANO, NO PUEDE EXCUSARSE DICIENDO QUE EL ENFERMO LE ORDENO PREVIAMENTE LO QUE TENÍA O NO QUE HACER
En el ejercicio de la actuación profesional, cabe esperar de un arquitecto superior, que si después de informar a la propiedad, de los trabajos y precauciones precisas para la obra, y no obtiene el consentimiento para llevarlos a cabo, DEBE rechazar la prosecución de los trabajos. Debe renunciar a la obra, y poner en conocimiento tal renuncia en su Colegio.
Lo que NO PUEDE es seguir, dirigiendo la obra, con omisión de esos trabajos necesarios o precauciones pretendiendo que lo hace a riesgo del dueño, que ha preferido omitirlos para ahorrar costes. Ni incluso, haciéndole firmar un documento al dueño o promotor, que le diga que le “exime de responsabilidad por no hacerlo”.
Eso sería, como pretender que quedará exento de responsabilidad el cirujano que, a petición de su paciente, no le administra anestesia en una operación compleja, o que no le proporcione sangre o plasma, o la realiza en la propia habitación en lugar de en una sala de quirófano, con la finalidad de reducir el importe del tratamiento quirúrgico. Aunque el paciente le exima de responsabilidad, o le diga que si no es así, no acepta que lo opere, o le amenace de alguna u otra forma.
Es el experto o profesional, quien ha de decidir qué trabajos resultan indispensables para el buen éxito de la obra y para la seguridad de la misma, y qué otros pueden depender del mayor o menor gasto que quiera asumir la propiedad.
Cuando un arquitecto superior acepta no realizar un estudio geotécnico del terreno, por ejemplo, o accede a que no se haga algo imprescindible en la obra, no puede disculparse por haberse doblegado a la voluntad del propietario, o promotor, en lugar de haber impuesto su criterio profesional más acertado.
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